My way, por Imanol López
La última bala
Nuestro gozo en un pozo. Aún no se ha dicho la última palabra pero estamos como el año pasado cuando fuimos a Valencia con la misma cara. “Aún se puede” decíamos, pero por dentro todos teníamos la misma sensación, tenemos un partido más difícil que el de nuestros rivales y pretendemos ganar y que otros no hagan lo propio en casa. Igual que esta semana, la Real juega contra el Córdoba, que se juega el ser o no ser en la Segunda División; el Sporting contra nuestros vecinos de Eibar y el Málaga contra el Tenerife. Todos en casa, y tan solo nosotros jugamos ante un equipo que aún lucha por algo. Difícil, muy difícil.
Lo que más escalofríos provoca es pensar que lo tuvimos tan cerca, que en el minuto 90 de partido en Vitoria todo era una fiesta, todos esperábamos al pitido final para celebrar lo que habíamos sudado desde hace mucho tiempo: la segunda plaza. Depender de nosotros mismos en la última jornada. Justamente lo que Lillo pedía durante todo el tiempo que ha estado aquí. Ahora solo nos queda una bala dentro de un cargador vacío. Será difícil que suene la flauta, pero por si acaso Lillo nos ha vuelto a poner la fecha del 15 de junio. Eso sí, esta vez la ha expuesto porque no le quedaba otra, incluso se ha puesto la colchoneta en el suelo por si no se logra el ascenso. Hombre prudente que sabe perfectamente que los milagros ocurren en Lourdes, no en Anoeta, ni en Gijón, ni en Málaga.
La palabra que no quiere oír Lillo es fracaso. Pero la realidad es así de cruel para el tolosarra: vino a culminar la primera parte del proyecto “Erreala 1an”, estaba a tres puntos del ascenso a falta de doce partidos, no era una eternidad pero era difícil. Y ahora mismo estamos a dos puntos del ascenso, con el objetivo poco más fácil que hace once jornadas, pero sabiendo que debíamos llegar a este punto dependiendo de nosotros mismos. El primer objetivo no se ha cumplido, el segundo, “ascender como sea”, se antoja difícil.
Pero somos sufridores y sabemos lo que es andar camino de Anoeta sabiéndonos perdidos pero con esperanza. Y no quedará otra que disparar la última bala, a ver si acertamos. Un servidor el domingo pasado amenazó con no pisar Anoeta esta semana, pero allí estará, como cada domingo, soñando con lo mismo que hace unos cuantos años cuando jugábamos ante el Atlético de Madrid en 2003: que pierda nuestro rival. Aquel año nuestro el Madrid ganó a otro vecino nuestro y nos quedamos a las puertas de la liga, esta vez tenemos dos rivales. Yo me conformo con que uno de los dos no cumpla con su tarea.

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