12/06/08

La hora del Agitprop, por Ana M.

Y luego... los comentarios

Lo peor de la derrota en Mendizorroza vino después. Desde el odioso, "chica, es sólo fútbol" al "¿pero cómo puedes ser de un equipo así?". Lo peor fue la mediosonrisa de los no-futboleros (que son mayoría a mi alrededor), mostrándose superiores y clementes hacia mi sufrimiento de lunes. Como si el lunes no fuera suficiente sufrimiento de por sí.

La historia de la Real es trágica. Una mezcla entre novela de Dostoievski y proceso de Kafka. Está llena de personajes inmóviles cuyo destino queda fuera de su alcance y su comprensión. Es así. Así perdimos ligas en Sevilla y Vigo. Así bajamos a Segunda y así parece que nos quedaremos en ella. Así hicimos un agujero económico y así se hizo lo grande que es. Es una espiral autodestructiva. Un club que, como los lemmings, tiene cierto gusto por el suicidio en masa. Un club incapaz de explicarse a sí mismo e incapaz de dar explicaciones a los demás.

Ahora, mientras esperamos la carambola que tiene toda la pinta de no llegar (recordemos, nuestra historia carece de afortunadas casualidades), nos volvemos a preguntar, como cada cierto tiempo, quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos. Unos reclaman la cantera y el trabajo en Zubieta, otros, que sea la calidad y no el DNI el que justifique las alineaciones. Debate conocido, repetido y aún sin resolver, por cierto. Atrapados en el proceso, una vez más.

Alguien dijo que con la llegada de la clase media al fútbol, se acabaron los apoyos incondicionales y llegaban las exigencias. Otro apuntó que la falta de espíritu es la misma que la que hay en las aulas, en las que incluso para matricularse a un FP, el niño de 18 tiene que ir acompañado de amatxo y aitatxo. Y un último, señaló que lo que se nota es que el fútbol ya no se juega en las calles.

No es "sólo fútbol".
Por mucho que me lo quieran hacer creer. Es la vida misma.