08/06/08

Como en Vigo

El partido se ha suspendido por culpa de una invasión del campo

La Real ha echado por la borda una victoria que tenía en la mano


Salvo el Numancia, nadie más ha montado en el avión hacia Primera. Quedan una semana y tres partidos en los que el futuro de la Real sigue en juego.

La Real pagó el precio del cambio. Las voces que susurraban por enero que la llegada del huracán Badiola podía ser muy perjudicial al corto plazo están viendo cómo se consuma su vaticinio. Se ha llevado por delante a dos entrenadores y la llegada del tercero puede no ser lo que el equipo necesitaba. Con Coleman el equipo llevaba una línea muy mediocremente ascendente, mientras que con Eizmendi combinó tardes de gran gloria, como las de Córdoba o Elche, con otras de terror como la de Gijón -que puede resultar decisiva- o el Racing de Ferrol. Lillo intentó ser el revulsivo y su condición de invicto desde la jornada 32 hasta Vitoria -con números que para sí quisieran muchos entrenadores- parecía suficiente para poner el equipo rumbo a Primera, pero tres minutos en los que se retrató la verdadera historia del "pupas" de este equipo le bastaron para hacer que muchos despertaran del sueño.

Jairo Álvarez y Toni Moral dieron la vuelta a un partido del que los jugadores de la Real se habían evaporado antes de que una marea humana decidiera dar por concluido el partido con 3-2 y saltara de las gradas al campo. La Real se tiró diez minutos sin encontrar el norte. Sin una clara referencia atrás que diera sosiego a los suyos. Ni Gerardo, ni Labaka -¡vaya día...!-, ni Garitano, hombres con dilatada experiencia -único motivo real por el que permanecen en el 'once'-, acertaron a templar gaitas en defensa.

Víctor Hugo dijo que "el futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad". Si el recientemente proclamado candidato demócrata, Barack Obama, algo ha demostrado al mundo es que quien se dedica a conservar lo poco que tiene, nunca gana. La Biblia ya lo recogió hace veinte siglos con la parábola de las monedas. Hay que atreverse pese a tener a alguien como Hillary Clinton enfrente. El afroamericano lo llama "La audacia de la esperanza".

Ni de una manera ni de otra había forma. Los blanquiazules seguían a lo suyo y esperanzas, las justas. La tardía presión que los centrocampistas realistas ejercían sobre los pasadores rivales provocaba que Adrián pudiera ganar la espalda a los centrales por velocidad y diera más de un susto a los casi 5.000 realzales que poblaron -y mojaron de lágrimas al final- las gradas del campo vitoriano.

Por suerte para la Real, los errores en defensa se repartían en ambas áreas y en uno de Mehdi Lacen, que condujo la pelota en demasía, Martí supo ver que la presión podía dar sus frutos. Y los dio. Asistió a Díaz de Cerio que batió a Bernardo al noveno minuto de juego. La repetición de las historias de Tenerife y Salamanca estaba servida: la Real se adelantaba pronto y le tocaba jugar con ese marcador.

El Alavés era un equipo estéril y romo en la primera parte. Apenas inquietaba la meta de Asier Riesgo y los donostiarras amenazaban con marcar el segundo gol en uno de los peligrosos contraataques. Con una tímida oportunidad babazorra a balón parado -de lo único que se debían preocupar los de Lillo- se llegó al intermedio.

Descanso que iba a ser necesario visto el correcalles en el que se convirtió la segunda mitad. La rápida igualada de Adrián López (48') abría el partido y bajaba los ánimos de la gran hinchada realista, lo mejor que tiene este club a día de hoy. Pero no solo los de los aficionados, que siguieron de pie jaleando a los suyos: los jugadores empezaban a no saber por dónde les disparaban las balas. Pero aún y todo, contraatacaron con maestría y lograron el 1-2 por obra de Díaz de Cerio y gracia de Delibasic -eso sí es sentir los colores-. Prieto, que entró 10' antes de la victoria momentánea y Víctor tuvieron la sentencia del triunfo en sus botas, pero como al sportinguista Barral, la presión les pudo a la hora de seleccionar la mejor opción.

A partir de ahí, el Alavés se vino arriba y apretó con todo el corazón que le quedaba. Y lograron empatar dos minutos después de que Teixeira Vitienes, incompetente en casi todas las acciones, decretara cuatro minutos de descuento que aún no se han cumplido oficialmente. La invasión de campo provocada por el 3-2 fulminó el partido: "Puesto que en ese momento se había cumplido el tiempo reglamentario, incluido el tiempo adicional, nos dirigimos a los vestuarios dando por finalizado el encuentro", cuenta el cántabro en el acta.

Por culpa del delirio provocado por ganar tres puntos de un partido que en condiciones normales jamás hubieran podido empatar y como quien se emborracha con el peor vino peleón, varias peñas locales, con una de las radicales a la cabeza, se dirigieron a las visitantes, todo dentro del campo, con el ánimo de hacer leña del árbol caído. La más radical de las donostiarras no tuvo contemplaciones en responder y con la connivencia de la Ertzaintza -oteando el horizonte-, unos y otros se zumbaron en el terreno de juego. El Comité Antiviolencia había declarado el partido de "alto riesgo". Que el lector se pregunte dónde está el riesgo.

El partido de Vigo, del que el próximo domingo se cumplirá el quinto aniversario, también fue de "alto riesgo". Como en Vigo, la Real tuvo el apoyo de miles de aficionados. Como en Vigo, la Real tuvo su objetivo en la mano. Como en Vigo, los aficionados acabaron hundidos en sus asientos. O de pie, con los ojos llorosos, clavados en el horizonte. Como en Vigo, la Real tenía en el banquillo a un entrenador al que le acusaban de hacer los mismos cambios fuera como fuera el partido. ¿Quién no sabía quién era Lillo cuando Badiola le ofreció ponerse al mando del equipo? Es entrenador y tiene sus manías. Se llaman Labaka, Garitano y Gari Uranga. La "experiencia" bajó a la Real a Segunda y la "experiencia" la ha apartado de acercarse a Primera en Mendizorroza. Si la Real asciende el domingo, será gracias a ellos, porque jugarán. Y si no, que baje Dios, lo vea y nos suba después con Él. De Madrid o de donde sea, al Cielo. Y del Cielo, a San Sebastián.


+: Bla, bla, bla / Esquema / Notas.