Diez minutos más caros del mundo
La Real, que empezó ganando y fue perdiendo, se encuentra a cuatro puntos del ascenso
El segundo gol del Cádiz tras un control con la mano, y un penalty a Delibasic en el descuento que Miranda Torres obvia, jugadas clave
El segundo gol del Cádiz tras un control con la mano, y un penalty a Delibasic en el descuento que Miranda Torres obvia, jugadas clave
Getafe, Espanyol, Osasuna, Racing y, a partir de hoy, Cádiz. Son escenarios que forman parte del "pudo ser y no fue" realista. Momentos de la historia reciente en los que los jugadores estaban llamados a dar el paso y no lo dieron. Cádiz debió ser y no fue. Para muchos realistas, hundidos, cuatro puntos hoy son ya insalvables. El sábado, más animados, serán más salvables. El último torpedo a la moral del aficionado ha sido en la Tacita de plata, donde un mal árbitro ha resuelto parte de la crisis del equipo local. No es la primera vez que el bueno de Miranda Torres hace esto: en el 3-1 del Cádiz al Celta en la 17ª jornada ya dejó de pitar un claro penalty a Cannobio y dio por válido el segundo gol andaluz, obra de Dani tras robarle el balón al cancerbero vigués con la mano. ¿Necesitan en Donostia y en Gijón más evidencias? Dentro vídeo.
A este despropósito de justiciero -que debió expulsar a Díaz de Cerio por doble amarilla en la primera parte- hay que sumarle los ocho primeros de la segunda parte. En ellos, la Real ha comparecido con una caraja defensiva de órdago que a punto ha podido costar todas las opciones del partido si no llega a ser por el 0-1 que indicaba el marcador al término de la primera parte. Los cuarenta y cinco primeros minutos, de dominio alterno, han acabado como la semana pasada entre la Real y el Sevilla Atlético: gol a favor en el portal del descanso y 0-1 al vestuario.
Un doble cambio a la vuelta al campo ha dado otro aire a los amarillos, que tras variar el 4-2-3-1 por un 3-4-3, han encerrado a la Real en su campo durante ocho minutos. Ocho minutos de los que la Real ha tardado en levantarse. Y cuando lo ha hecho, ha encajado el 2-1. A partir de ahí, la Real ha abierto su tumba y se ha erguido. "A luchar", han pensado.
Patada contra patada. Balazo contra balazo. Guantazo contra guantazo. En un continuo crescendo de golpes de veinte minutos, en el que Delibasic ha puesto el 2-2 a pase de Novo y la Real ha ido mejorando, se ha llegado al descuento. La Real había vuelto a tener las ocasiones más claras: tal y como había arrancado el choque, con una clara ocasión de Elustondo. Ahora era un barullo total en el área el que ponía en danza a los nervios cadistas. Así hasta los minutos de prolongación. Los que completan los diez minutos más caros del mundo.
En esos últimos ciento veinte segundos, una cosa había cambiado con respecto al inicio de la reanudación: la actitud y el acierto de la Real. De la caraja defensiva se ha pasado a un torrente de juego -tiene razón Lillo cuando asegura que no ha habido partido con él al mando en el que la Real haya atacado de manera tan diversa- y poca efectividad. Lo habitual. El Cádiz se partía físicamente en dos y los blanquiazules empujaban con más corazón que cabeza. Aunque quedaba poco tiempo, el 2-3 estaba cada vez más cerca. En cualquier esquina.
Lo que no se esperaba ningún jugador, ningún técnico, ni Badiola ni los peñistas de El Sur, Nazarena, Goazen Erreala o Miajadas que han visto el partido era que Miranda Torres -y su incompetencia como una sombra- volviera a la acción. No le bastaba con no acertar anulando el segundo gol cadista tras un control con la mano, sino que se ha preocupado más de pitar cuanto antes el final del partido que indicar el clamoroso penalty a Delibasic, agarrado primero y empujado después. Final, 2-2.
Todo lo anterior no tiene vuelta atrás. Con la sensación de que el ascenso se queda a la cola del avión que vuela desde Cádiz, la Real debe seguir luchando hasta lograr el objetivo o hasta que matemáticamente sea imposible. Por ahora, esos diez minutos de esta tarde pueden salir carísimos, pueden ser fatales: Málaga y Sporting se habrán hinchado de confianza. Sobre todo los andaluces. La semana que viene los dos equipos juegan en casa: el Sporting ante Salamanca y el Málaga ante el Hércules. Y la Real ante el Granada 74. Antes que el día y la hora, se sabe que no estará Díaz de Cerio. Descartado el ascenso placentero, toca sufrir. El ascenso no se puede ni cuestionar. Es malgastar energía y sufrir demasiado. Toca volver a la senda del triunfo. Y que tiemblen.
A este despropósito de justiciero -que debió expulsar a Díaz de Cerio por doble amarilla en la primera parte- hay que sumarle los ocho primeros de la segunda parte. En ellos, la Real ha comparecido con una caraja defensiva de órdago que a punto ha podido costar todas las opciones del partido si no llega a ser por el 0-1 que indicaba el marcador al término de la primera parte. Los cuarenta y cinco primeros minutos, de dominio alterno, han acabado como la semana pasada entre la Real y el Sevilla Atlético: gol a favor en el portal del descanso y 0-1 al vestuario.
Un doble cambio a la vuelta al campo ha dado otro aire a los amarillos, que tras variar el 4-2-3-1 por un 3-4-3, han encerrado a la Real en su campo durante ocho minutos. Ocho minutos de los que la Real ha tardado en levantarse. Y cuando lo ha hecho, ha encajado el 2-1. A partir de ahí, la Real ha abierto su tumba y se ha erguido. "A luchar", han pensado.
Patada contra patada. Balazo contra balazo. Guantazo contra guantazo. En un continuo crescendo de golpes de veinte minutos, en el que Delibasic ha puesto el 2-2 a pase de Novo y la Real ha ido mejorando, se ha llegado al descuento. La Real había vuelto a tener las ocasiones más claras: tal y como había arrancado el choque, con una clara ocasión de Elustondo. Ahora era un barullo total en el área el que ponía en danza a los nervios cadistas. Así hasta los minutos de prolongación. Los que completan los diez minutos más caros del mundo.
En esos últimos ciento veinte segundos, una cosa había cambiado con respecto al inicio de la reanudación: la actitud y el acierto de la Real. De la caraja defensiva se ha pasado a un torrente de juego -tiene razón Lillo cuando asegura que no ha habido partido con él al mando en el que la Real haya atacado de manera tan diversa- y poca efectividad. Lo habitual. El Cádiz se partía físicamente en dos y los blanquiazules empujaban con más corazón que cabeza. Aunque quedaba poco tiempo, el 2-3 estaba cada vez más cerca. En cualquier esquina.
Lo que no se esperaba ningún jugador, ningún técnico, ni Badiola ni los peñistas de El Sur, Nazarena, Goazen Erreala o Miajadas que han visto el partido era que Miranda Torres -y su incompetencia como una sombra- volviera a la acción. No le bastaba con no acertar anulando el segundo gol cadista tras un control con la mano, sino que se ha preocupado más de pitar cuanto antes el final del partido que indicar el clamoroso penalty a Delibasic, agarrado primero y empujado después. Final, 2-2.
Todo lo anterior no tiene vuelta atrás. Con la sensación de que el ascenso se queda a la cola del avión que vuela desde Cádiz, la Real debe seguir luchando hasta lograr el objetivo o hasta que matemáticamente sea imposible. Por ahora, esos diez minutos de esta tarde pueden salir carísimos, pueden ser fatales: Málaga y Sporting se habrán hinchado de confianza. Sobre todo los andaluces. La semana que viene los dos equipos juegan en casa: el Sporting ante Salamanca y el Málaga ante el Hércules. Y la Real ante el Granada 74. Antes que el día y la hora, se sabe que no estará Díaz de Cerio. Descartado el ascenso placentero, toca sufrir. El ascenso no se puede ni cuestionar. Es malgastar energía y sufrir demasiado. Toca volver a la senda del triunfo. Y que tiemblen.

1 comentarios:
De vergüenza me parece que el presidente de la Real prime a los rivales del Sporting por ganar, pero ya parece increible que la prima suba si la real sube a primera ( indirectamente les invita a dejarse perder ya que juegan con los rivales del Sporting solo dos jornadas después...), lo dicho, De vergüenza!!!!
Aún así, el Sporting se sigue distanciando, lo cual tiene el doble de mérito.
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