20/04/08

Alerta roja

La Real tropieza ante el Nàstic en un partido horroroso

Tras su victoria, la diferencia con el Sporting se va a dos puntos




Martí recibe el balón de espaldas. Lo controla y se da media vuelta. Observa que Mikel Aranburu y Fran Mérida están cerca, pero tantos rivales de por medio los convierten en opciones imposibles. Tanto como indecoroso es dar un pase atrás a Garitano. El equipo se juega el ascenso como para andar con gaitas. El mallorquín mira adelante y levanta la cabeza. Iñigol y Víctor están bien cogidos por los respectivos pares del Nàstic. Agacha la cabeza, se gira, vuelve a mirar arriba, se revuelve. Los dos delanteros se las ven y se las desean para zafarse de los centrales sin caer en fuera de juego. Martí no puede esperar má: sería imprudente hacerlo y arriesgado perder el balón en el centro del campo. La levanta y va por arriba para Díaz de Cerio, que remata, de cabeza y no muy fuerte, desviada.

Y a partir de ahí, que se acabaron los buenos balones frontales a la espalda de la defensa catalana, cuesta abajo y sin frenos. Freno y obstáculo como el que suponía que la nueva apuesta de Lillo, cercana al cuatrivote -o tetrapivote, ya que estamos-, no funcionara. A estas alturas de la Liga, lo que funciona es bueno y lo que no, malo. Y eso se mide con los resultados. El 0-0 en casa ante un Nàstic atenazado por el posible descenso a Segunda B no es bueno ni aunque perdiera el Sporting que, encima, ganó con solvencia al Sevilla Atlético.

La gente, aburrida, jaleó el 1-1 de los andaluces. Cuado el conjunto de Gijón se deshizo del equipo nervionense, el aburrimiento era máximo. Los jugadores corrían y Lillo intentaba corregir los fallos derivados del discurso incoherente con los propios actos.

A Ansotegi, cuya pareja de centrales con González era lo más alabado del equipo, lo mandó a la grada y puso en su lugar a un hombre de su confianza en el Ciudad de Murcia, Mikel Labaka. Quiso añadir experiencia en el centro del campo y creyó encontrar la combinación ganadora de la Primitiva con Aranburu, Martí y Garitano. Un deriotarra cuya experiencia ya no bastó para amarrar a la Real en el puerto de Primera. Y arriba, mucho movimiento de nombres y lo que es peor, Díaz de Cerio parece que sucumbe a la presión provocada por las críticas, injustas, que arrecian cuando intenta cumplir, más mal que bien, labores para los que no está llamado. Debe buscar huecos, desmarcarse, dar la ultimísima puntilla a la jugada. Nunca jugar de espaldas al marco rival, bajar el balón y aguantarlo. Para eso está Zigic.

Era un despropósito de equipo. Una caricatura del equipo que debe ascender. Bastaba con ver a Garitano, como al funambulista que cruza a cincuenta metros de altura la pista con la barra en la mano, intentar sujetar al equipo. O ver a Novo por la izquierda -el único jugador mínimamete capaz de dar pases largos al pie por muy vago que digan que sea-, o a Mérida recorriendo la mediapunta de lado a lado, o a Martí por la banda derecha cuando unas pocas veces que ha jugado escorado ha sido de lateral -por emergencia, cuando jugaba para los del Pizjuán-. Al menos eso dijo el propio Badiola en uno de los tantos acertijos electorales que tanto le gustaban.

Ahora su equipo anda intentando adivinar el camino a Primera. La hora de las pruebas se ha acabado, aunque haya quien le quede el consuelo de ese córner en el descuento que nadie acertó a empujar o algún penalty sobre Mérida tras un buen pase al hueco de Gerardo en el 24' de la segunda. El 0-0 ante un limitado Nàstic no vale. El Sporting se ha dejado de excesos. Y se nota. ¿La Real? Debe jugar en Málaga. Sábado 26, 20h. Acabar estas dos jornadas con cinco puntos de desventaja sería una losa insalvable. Las alarmas deberían haberse disparado.