17/06/07

¿De qué color son las lágrimas?

Después de cuarenta años, dolorosísimo empate a 3 en Valencia -con dos goles en propia meta de Víctor López (¡qué bueno que viniste!)- y esto... La Real ha cerrado la peor temporada desde la 1961-1962, cuando se produjo el último descenso del entonces equipo “ascensor”. Cuatro temporadas más tarde, 1966-1967, lograría el equipo subir a la máxima categoría que en estos últimos años se ha ido dilapidando soplo a soplo, golpe a golpe, ofensa a ofensa.

Ha habido medios que en los últimos años, alarde de documentación e inutilidad mostraban cómo la Real iba batiendo lentamente sus récords. Y nadie se daba por aludido. Zamora mismo decía el 4 de noviembre que aún era pronto para valorar los fichajes. Quizá piense lo mismo. El único jugador ofensivo que llegó en verano está en el gulag del fútbol ruso, y la superjoya de la corona defensiva, “fuera” del equipo.

Cuando las cosas no van bien, o directamente, van mal, conviene que no cunda el pánico tanto como no conviene dejar las cosas que mejoren solas. Que desde el principio de la segunda vuelta, cuando caes derrotado en casa contra el eterno rival que puede desplumarte este verano, tu único argumento es el de las matemáticas de una calculadora de sol que ha de funcionar en día nublado, mal vas. Muy mal. El fútbol rara vez castiga al primerizo que hace mal las cosas. El fútbol siempre castiga al que comete los mismos errores, y lejos de enmendarlos, se pierde en la comodidad de un sillón y mandando al equipo a recorrer los mejores hoteles de la geografía española (y que sea con spa's).

Son 13 años desde que salimos de Atotxa, 13 años desde que llegamos a Anoeta, otros tantos años desde que la mayoría de los jugadores que han venido aquí lo han hecho por error. 13 años que se suman a otros con los que completar 40 años desde el último ascenso.

Quedan 42 partidos y el objetivo, muy definido: demostrar que la Real es mucho más que un líder de la Segunda División, porque asumiendo la dificultad que entraña la empresa, los realistas no pueden permitirse el lujo -son demasiados en los últimos años- de jugar el centenario (2009) en Segunda como les ha ocurrido a otros. Y no solo por el centenario, sino por todo lo demás. Los casi mil superseguidores realistas que están ahora mismo en Valencia, lloran casi todos y lo mismo en Gipuzkoa y fuera de ella, porque la Real, en ese sentido, no entiende de fronteras...

Resulta difícil digerirlo pero ¿qué pasa? ¿Que si los jugadores no son sometidos a auténticos escarnios públicos como, por ejemplo en Sevilla, no funciona? ¿Hace falta volcar coches o pintar paredes amenazando de muerte al personal?

Lo peor de todo es que da la sensación de que hay alguien que se ha reído de los realistas y aún lo hace. Comenzará la próxima temporada y en la décima jornada muchos no habrán asumido que son de Segunda División. Que hasta allí les han llevado. Pues sí, seremos de Segunda División. Todo aquél que tiene algún interés en el Club es de Segunda División, y si no quiere serlo, que arrime el hombro como quizá no haya hecho antes.

Mañana el Consejo comparecerá en rueda de Prensa en Anoeta, estadio de Segunda División -desde 1993-. Qué contarán es una incógnita, pero por favor, que no vendan a la gente ni le pongan al equipo más parches. Por favor.

Era signo inequívoco de cómo estamos escuchar por el mercado cómo se iba a celebrar la salvación de la Real. Bañarnos en la playa o alguna fuente por ¿la salvación? Hemos perdido el rumbo y conviene que alguien nos preste uno. Y claro que únicamente con la historia, solo se va al descenso, pero detener una como la nuestra -tan sufrida desde el maleficio de Monsieur Comet- “obliga” a los jugadores a muchas cosas cuando se ponen esa elástica. Porque los que han pasado, estamos y vendrán, no nos merecemos esta Real. Antes de que se me olvide: gol anulado a Villa en el descuento del partido, gol en propia puerta de Moretti, Valencia Club de Fútbol 3-3 Real Sociedad. Pero eso ya es pasado.