Descontrol
La Real vence al Osasuna (2-1) en un partido en el que por momentos no hubo dominador y en otros fue el equipo visitante
El juego donostiarra, digno de otra división, contrastó con el resultado final, que le acerca a la permanencia
La Real vive entre dos tendencias: una es la de su juego, cada día más triste (dan más ganas de llorar) y más pobre. La otra es la de los resultados. De los últimos nueve puntos ha conseguido 7. Nada mal pintando como pintaban las cosas. Antes el juego era malo y el resultado también. Lotina, junto a los jugadores, ha conseguido que la faceta más importante sea positiva, pero es como aquel pobre que pedía pescado pero lo que realmente necesitaba era aprender a pescar... Pero es que la Real tiene ahora mismo tanta hambre...
Anoche en Anoeta, que más parecía Tel Aviv o Gaza, se jugó un partido intensísimo, entre dos equipos que se "quieren", aunque no lo demostraron como lo hicieron hace unos veranos. El Osasuna dejó patente que quería ganar, y las paradas de Bravo, magníficas, así lo atestiguan. Ziganda estaba nervioso, y metió la pata. Tras encajar el gol en un penalty que era penalty pero de los que "no se suelen pitar" (aunque lo sean), el entrenador "rojillo" controló un balón que se perdía inevitablemente por la banda en favor de su equipo, pero las protestas locales junto con la visión del asistente arbitral, dieron con el técnico visitante en la grada. Era lógico.
Suele ser que en el fútbol sean los delanteros quienes den puntos a los equipos. Para que nadie diga que la Real es otro equipo más del montón, en este equipo quien da los puntos es el arquero. A falta de delanteros que estén a la altura de las circunstancias, Claudio Bravo ha guardado muchos puntos para su equipo en los partidos que ha jugado. Aunque en el gol de Osasuna fallara clamorosamente...
La Real de la primera parte (que ya había tenido una baja en el calentamiento tras el bloqueo que sufrió Juanito en la espalda -entró Labaka en el 'once' y Ansotegi en la convocatoria-) ofreció poco, aunque el tino de Jesuli, que jugó infiltrado, y Prieto, que volvía a ser "él", suponían una relativa amenaza para la defensa rival, algo débil por momentos. Pero en la segunda parte... Buf, ¡qué segunda parte!
Gari Uranga estaba perdido. No empezó del todo mal, pero después de que le sacaran la amarilla por una acción tan tonta como insulsa (y reprochable), su rendimiento cayó en picado. Bien hubiera hecho Lotina en sacarlo del campo por Garitano o Elustondo. Lo de los 'rojillos' se había convertido en un asedio continuo a la meta de Bravo, que se cubría como podía. Las bandas, Garrido y Rekarte, era como el ejército napoleónico saliendo de Rusia. Y los pivotes estaban incrustados en la defensa. Hasta Rivas actuó por momentos de tercer central. Así no había manera. En el mediocampo no había referencia de ningún tipo.
Lotina no lo vio. La segunda parte empezó tal y como acabó la primera, pero con el poco acierto contraofensiva de la Real, desaparecido. Prieto se ‘quedó’ en el vestuario, al igual que Jesuli, que no estaba al 100%, como Gari Uranga. Siguen dando pases horizontales con poco criterio, y lo que es peor, los pierde. Dos opciones tenía con el 1-0: o presionar la salida de balón de Osasuna o manejar la pelota hasta que los navarros se fueran de vuelta, aburridos. Para hacer lo segundo la Real no tiene jugadores, y lo primero lo intentaron, pero mal. Muy apelotonados los tres mediapuntas para bloquear esas salidas, además de no conseguirlo, dejaban a los laterales al amparo de alguna deidad. Y los pivotes, Rivas y Aranburu, pero sobre todo el primero, mal, muy mal. Con el norte perdido casi todo el partido, no le imprimieron el carácter necesario al equipo cuando lo necesitó, ni estuvieron donde debían en el gol de Raúl García. Otra vez la zona de pivotes libre, engancha el ‘rojillo’, a Bravo no le bota muy bien, y se la ‘traga’. 1-1 y Lotina sin hacer cambios…
Hizo los tres. Dos de ellos por molestias: Jesuli y Garrido, falto de nivel competitivo. Salieron Agirretxe y Gerardo en sus posiciones. El otro cambio fue Garitano por Gari Uranga. Toda una declaración de intenciones…
Pero el gol llegó. En un “no se sabe cómo”, “no se sabe quién” manda un balón al área, la toca Kovacevic –ovacionado y animado especialmente-, se la deja al lado para Aranburu y éste la manda al fondo de la portería defendida por Ricardo. 2-1. Después, muestra del descontrol en el que estaba sumida la Real, Osasuna tuvo otras tres llegadas claras en las que, dos no acertó y otra la paró Bravo, en una parada que no fue la más brillante de la noche, pero sí crucial.
Osasuna había manejado el partido de lado a lado, con un buen centro del campo y dos bandas más que interesantes, pero le faltó “algo” en punta de ataque, donde, curiosamente, Milosevic detrás de Soldado hizo más daño a la defensa que cuando jugaron a la par. Dato más que curioso, más si se tiene en cuenta los hombres blanquiazules que corrían por la zona. Prueba de la mala defensa será lo cansados que acabaron los realistas. Defender bien no suele ser sinónimo de correr demasiado.
En definitiva, una Real llena de contrastes y colorines mil, logró tres puntos que le sitúan a dos puntos de la salvación (momentánea) y a otros dos del objetivo que marcó Lotina tras disputar los partidos de Santander y Anoeta contra el Valencia: quince puntos al final de la primera vuelta. Que sean 19. Pero que las ramas no nos impidan ver el bosque.

