17/4/14

En caliente, por Diego Carasusán


Jagoba Berria

Si la semana pasada fue la presentación del proyecto de reforma del estadio de Anoeta, ayer fue la presentación de la renovación de Jagoba Arrasate como entrenador de la Real para las dos próximas temporadas.

Mucho se habló, se habla y (visto lo visto) se hablará de esta decisión, y quiero aprovechar este En Caliente para dejar clara mi postura al respecto.

Yo siempre he dicho que a un entrenador hay que pedirle tres cosas: resultados, que no genere conflictos con jugadores y afición, y sentido común.

Con el equipo a las puertas de repetir presencia en Europa la próxima temporada y tras haber alcanzado las semifinales de la Copa del Rey -dos hitos que no se habían conseguido desde hace más de tres décadas-, los resultados están ahí. Es cierto que la trayectoria del equipo en los últimos partidos está afeando una campaña excepcional, pero esto sería cuestión de un análisis más reposado que, estando en Semana Santa, es mejor no realizar.

Huelga decir que Jagoba no ha sido generador de conflictos. Me consta lo bien considerado que está entre la plantilla del primer equipo y, en la afición, como en botica, hay de todo, pero eso es normal.

Y lo del sentido común también ha quedado acreditado, dando continuidad a un modelo que funcionaba y dejando planteamientos dignos de otro sesudo análisis técnico como el planteado en el partido de ida de la semifinal de Copa ante el Barcelona en el Nou Camp.

Dicho lo expuesto, no puedo por más que felicitarme de contar al frente de mi equipo con un entrenador que tiene todas las condiciones para labrarse una larga trayectoria en el club. Luego será el fútbol el que dictará sentencia.
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10/4/14

En caliente, por Diego Carasusán


Anoeta Berria

Más allá de la pelea por entrar en Champions (algo más parecido a la utopía que a la realidad), la noticia de la semana en la familia txuriurdin es el proyecto de reforma de Anoeta. Por fin, después de muchos años de idas y venidas, parece que el estadio va a sufrir las transformación que la afición venía reclamando.

Tiempo habrá de hablar sobre las diferencias de este proyecto con respecto al que están a punto de concluir los vecinos de la Ría. Ahora, y con el proyecto sobre el papel, toca imaginar lo que será ver un partido de la Real (por fin) jugando de local en un campo de fútbol y no en un estadio de atletismo.

De mi querida Real presumo allá donde voy. Hablo de lo que supone ser de este equipo, de su historia, de su camiseta, de su himno, de su escudo..., pero nunca he podido presumir de su estadio. Primero, porque no es suyo; y segundo, porque un lugar así es todo lo contrario a lo que era otro de los motivos de orgullo del club: el añorado Atotxa.

En un estadio como Anoeta, el papel del público no pasa de ser meramente contemplativo. En cambio, en campos como era Atotxa, o San Mamés, o el propio Sadar, el público jugaba y juega un papel más activo. Al estar más cerca del terreno de juego, la afición tiene más posibilidades de alentar a sus jugadores, a los que, incluso, llega a escuchar. Presiona al rival y al árbitro..., y se siente, en definitiva, parte del juego.

¿Cuántas veces hemos visto (y sufrido) esta misma temporada cómo una afición rival alentaba a los suyos hasta acogotar a los nuestros remontándonos el partido? Ahora, o mejor dicho, a partir de 2017, la afición de la Real podrá 'jugar' los partidos de su equipo. Se sentirá partícipe de los éxitos de su equipo pero, también, tendrá parte de culpa de los fracasos. Y, en mi caso, tendrá mucho más sentido hacerse 360 kilómetros de carretera desde Tudela a San Sebastián para ver, por fin, un partido de la Real como Dios manda: pegado a la banda y dejándome la garganta
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